Osborne en Tomelloso: el origen manchego del Brandy de Jerez

Entrar en la destilería Osborne de Tomelloso es recorrer la historia menos conocida del Brandy de Jerez: la que se escribe en La Mancha, con uva airén, alambiques centenarios y la mirada de Virginia Martín, la mujer que lleva tres décadas custodiando este legado manchego.

Traspasar las puertas de esta destilería es adentrarse en un trozo de la historia más relevante de Tomelloso, donde hablar de vino y variedad airén es también hacerlo de brandy.

Esta visita ha esperado demasiado tiempo. Debí hacerla en 2016 acompañado del recordado Pepe Raya, pero una agenda repleta de viajes y, lo peor de todo, una maldita enfermedad lo impidió. Si bien ha estado presente en la memoria, tanto en la mía como en la de su sucesora y actual directora de planta de Osborne en Tomelloso, Virginia Martín.

De cereal a vino: por qué Tomelloso se convirtió en la despensa del brandy

RECORTE CRÓNICA DE VINOS Y CEREALES 27-11-1895

Es necesario poner esta visita en un contexto histórico para que se conozca por qué Osborne está en Tomelloso y, además, en una de las destilerías probablemente más importante en cuanto a historia, ya que se ha mantenido en la misma localización desde su fundación, sobre 1880.

Hay que decir que Castilla-La Mancha, como Castilla y León, antes Castilla la Nueva y Castilla la Vieja, fueron territorios principalmente cerealistas hasta que la llegada del ferrocarril, que facilitó el transporte de mercancías (y personas), y un hecho determinante para Europa como fue la plaga de la filoxera, cambiaron para siempre el sector del vino y la industria del destilado. Si bien hay que hacer referencias anteriores al comercio internacional de brandewijn, en neerlandés «vino quemado», eso lo dejo para otra historia.

También hay que tener en cuenta que el consumo de brandy empieza a generalizarse y, en Jerez, donde principalmente se comercializaba, ya tenían un mercado floreciente de vino, por lo que necesitaban un territorio capaz de suministrar el vino suficiente para la destilación. A este problema le llegó una solución con base logística: en lugar de transportar el vino a Jerez, lo que se hizo fue destilar en origen para transportar únicamente el alcohol. De esta forma se reducía en una proporción aproximada de 1/6 el transporte. De ahí que ya a finales del siglo XIX Tomelloso tuviese presencia de marcas jerezanas como Domecq (hoy Fundador); si bien la localidad tiene referencias muy anteriores, como la familia López Montero, hoy propietarios de Altosa, que hunden sus raíces hasta finales del siglo XVIII, y la familia Peinado, que ya destilaba en 1820.

Para que puedas ampliar información, te dejo la referencia de un interesante artículo publicado en 2020 en el que hablo de la historia del vino en Tomelloso y de cómo, a raíz de una crisis, se desarrolló una industria floreciente que trajo riqueza y prosperidad: https://wineup.es/2020/03/22/de-una-crisis-se-sale-con-iniciativa-y-trabajo-el-ejemplo-lo-tenemos-en-la-historia-del-vino-en-tomelloso/

En resumen, cuando Francia, principal compradora en la época de vino español, recuperó su capacidad productiva, fijó a principio del siglo XX unos aranceles que hacían inviable la venta en el país vecino. Eso obligó a transformar el vino en alcohol para reducir el espacio que ocupaba en las bodegas y poder entrar la uva de las cosechas para elaborar vino, lo que a su vez obligó a comercializar vino y destilados.

 

Una alianza centenaria: de El Puerto de Santa María a las cuevas de Tomelloso

No es casualidad que la destilería Osborne (En su origen José Antonio Torres, después Jonás Torres) se fundara con esa dimensión en 1880. Hoy solo se destila, pero sus cuevas (solo he podido visitar una) atestiguan una gran capacidad de elaboración de vino que la convirtió en una de las bodegas más importantes de Castilla-La Mancha.

La capacidad de comercialización y el prestigio de Osborne la llevan a buscar un proveedor estable y, sobre todo, fiable en cuanto a la calidad de las «holandas», que es como se le llama al destilado de vino para la producción de brandy. Para ello, nada mejor que entrar en sociedad con el proveedor: un paso que une Tomelloso con El Puerto de Santa María desde los años sesenta.

Durante casi tres décadas, ambas entidades funcionaron como sociedad, pero el interés de la firma del toro por garantizar su autonomía y calidad fue incrementando su participación hasta que, en 1997, la familia Osborne adquiere la totalidad de la destilería.

 

Virginia Martín: treinta años al frente de una destilería, treinta años rompiendo moldes

Virginia Martín

Cuando se firmó la adquisición, Virginia entra a trabajar como jefa de control de calidad, y es en 2019 cuando asume la dirección, con el cargo de «responsable de planta». Treinta años en un perfil y un sector que ha sido históricamente de hombres. Además de Virginia, solo conozco a una mujer que haya desarrollado un papel similar (ligado directamente a la producción) durante tantos años: Montse Mascaró, de la firma Mascaró en Vilafranca del Penedès.

La propia Virginia pone en valor su aprendizaje y lo destaca: tuvo el mejor maestro que se puede tener, Pepe Raya.

Centrándonos en la parte productiva, Virginia destaca que Osborne no es una «chatarrería de vino», es decir, que los vinos que compran para destilar son todos controlados por su calidad y teniendo siempre en cuenta cuál será el producto final, ya que, además de producir sus propios brandis, también tienen un importante mercado de destilados a granel, principalmente en Francia.

 

 

De las “holandas” de airén a la solera: el viaje del destilado hasta Carlos I y 1866

Esa materia prima tiene un nombre: airén. Y da sentido a la presencia de las más importantes destilerías en Tomelloso y comarca.

La destilería cuenta con varios sistemas de destilación; centrándonos en dos: destilación continua (columnas) y destilación discontinua con alambiques de 2.500 y 5.000 litros. Estos se utilizan exclusivamente para el «brandy solera gran reserva» por aportar los destilados más finos.

El proceso del destilado en sí es fácil, pero su explicación técnica requiere de más texto, por lo que me ceñiré a una expresión de Virginia: un proceso como «la cocina de la abuela», en el que la calidad de la materia prima, el tiempo y la experiencia son determinantes.

Una vez obtenidas las holandas, viajan a El Puerto de Santa María (y a otras partes del mundo), donde les espera un largo proceso de crianza. Destaca la importancia de las sherry cask, como se conoce a las barricas de roble envinadas previamente con vino de Jerez. Esto, unido al microclima del marco de Jerez y las soleras de Osborne, obrará el milagro y te permitirá disfrutar de uno de los mejores destilados del mundo, como Carlos I o 1866, entre sus marcas más reconocidas.

Mientras envejece en Jerez, el alma del brandy Osborne se forja aquí, custodiada por un grupo de trabajadores que, bajo el asfalto de las viejas cuevas decimonónicas y el calor de los alambiques, siguen destilando con orgullo manchego cada gota de vino airén.

Recorrer la destilería de Osborne en Tomelloso es palpar la historia viva del brandy español. Pese a que el sector atraviesa momentos de incertidumbre frente al auge de destilados de grano y modas de consumo efímeras, Virginia reivindica la nobleza del brandy: el único gran destilado que nace del vino, un producto que «ya de por sí te puedes beber».

 

Joaquín Parra, Wine Up! ©2026

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