Texto y fotografías (excepto las de producto y Carmen Pérez): Joaquín Parra Wine UP!. Artrículo publicado originalmente en la edición nº 27 de la guía Wine Up!, abril de 2026
Hablar de Laserna, pedanía de Laguardia, en Rioja Alavesa sin hablar del Ebro es imposible. El río dibuja aquí un meandro que ha modelado suelos, microclimas y, durante casi un siglo, el destino vitícola de la familia Pérez-Villota. En la “finca San Rafael”, donde Ricardo Pérez Pérez se asentó al regresar de Chile en los años treinta, arranca la historia de un proyecto que no entiende de atajos.
Villota no es una bodega nueva. Es una bodega recuperada. Hasta 2013, la familia fue parte esencial de Viñedos del Contino, proyecto fundado en 1973 en el que sus viñedos tuvieron un papel decisivo desde el primer día. Cuando deciden tomar las riendas en solitario, no inventan nada: retoman lo que siempre fue suyo.

LO QUE DE VERDAD IMPORTA EN EL VIÑEDO
Las instalaciones y los medios técnicos acompañan. Pueden ser un palacio o una nave funcional donde se cumple con todos los requisitos necesarios para elaborar buen vino, que no son pocos. Pero si no tienes el viñedo, puedes comprar la uva, elegir proveedores, todo es cuestión de precio y voluntad, pero el resultado será siempre el de otro.
Esto es lo que tiene Villota: casi cien hectáreas en uno de los entornos vitícolas con más historia en la denominación, con cepas que en algunos casos se remontan a la época de fundación de la finca.
La finca VILLOTA en San Rafael tiene algo que pocas explotaciones riojanas pueden ofrecer: heterogeneidad real en menos de un kilómetro. Desde el bosque de ribera junto al Ebro hasta las laderas más secas y elevadas, el viñedo cambia de carácter con cada cien metros. Arcillas calcáreas, canto rodado, suelos aluviales; tres terrazas naturales que producen perfiles distintos en cada parcela. La proximidad del río actúa como regulador térmico, y eso se nota: frescura y madurez conviven sin forzarse.

Tempranillo, graciano, mazuelo y garnacha en tintas; garnacha blanca, tempranillo blanco y malvasía riojana en blancas. El patrimonio varietal es excepcional que se trabaja sin herbicidas, con laboreo mecánico y una observación constante. No hay protocolo que sustituya a décadas paseando entre estas cepas.
“Pasear por la viña, pisar tierra, tocar los racimos en formación. Comparar la misma variedad en distintas zonas de la finca. Eso es Villota.
DE CONTINO AL PROYECTO PROPIO

2014 no es sólo la fecha de nacimiento de Villota, es la de su emancipación. Carmen Pérez Garrigues, cuarta generación, asume las riendas y más tarde, Jesús Madrazo, la enología. No hay ruptura: hay consecuencia. La familia ha cultivado este viñedo desde mucho antes de esa fecha; lo que cambia es que a partir de entonces las decisiones y los vinos son exclusivamente suyos.
En bodega el criterio es de mínima intervención. Fermentaciones en acero inoxidable, tina de madera y hormigón, crianzas que combinan roble francés con uso contenido de madera nueva y depósitos de hormigón. La madera no protagoniza; afina. El resultado son vinos de textura fina, con acidez bien integrada y lo que más se valora, una lectura directa del viñedo.
GRACIANO, MAZUELO y GARNACHA: LAS VARIEDADES A LAS QUE EL TIEMPO DA LA RAZÓN
Lo más interesante de Villota, al menos para quien cata con cierta regularidad, es el trabajo con variedades que durante décadas fueron tratadas como meras uvas de ensamblaje. Graciano, mazuelo y garnacha tienen aquí rango propio, y no de ahora.
La garnacha viene de la parcela Pajera, plantada en 1979 en la terraza más alta de la finca, a los pies del Cerro de la Mesa: suelo calcáreo, poco profundo, rodeado de coscoja. Un entorno agreste que exige a la variedad y saca de ella precisamente lo que la hace interesante: fruta roja precisa, fresa ácida, pétalos de rosa y una acidez que tensa el vino sin endurecerlo. Producción muy limitada, la añada 2021 se quedó en 2.470 botellas y una elaboración que busca preservar la identidad varietal por encima de cualquier otra cosa: fermentación en depósito, extracción suave, y parte del sangrado en barrica de roble francés de 500 litros durante seis meses. La Guía Wine Up otorgó la medalla Grand Gold y 93 puntos a Villota Garnacha 2022.

El graciano y el mazuelo van por otro camino, más vertical y estructurado. Villota Graciano 2022 es fruta negra, balsámicos y monte bajo, con una boca seductora y profunda que pocos gracianos ofrecen a este nivel. Villota Mazuelo 2022 tiene ese ribete violáceo característico, nariz intensa de fruta negra con toques especiados, y una acidez en boca que invita a seguir bebiendo. Ambos fueron nombrados «Spanish Monovarietal Ambassador» de su variedad en la Guía Wine Up 2025, con medalla Grand Gold. No es un premio menor: significa que son los mejores monovarietales de graciano y mazuelo de España según la guía. Además, ese mismo año Villota recibió el reconocimiento de Bodega Destacada 2025. Aportan acidez estructural y frescura. dos cualidades que en el contexto climático actual nadie discute y revelan matices del terroir que el tempranillo, por sí solo, no siempre muestra. Son vinos que justifican el viaje por sí solos.
VIÑA GENA Y LAS ANCHAS: CUANDO LA PARCELA MANDA
Hay viñedos dentro de la finca que tienen nombre propio, y con razón. Viña Gena nace de la parcela más antigua de San Rafael, plantada en 1930 en la primera terraza, entre el Ebro y una ladera de encinar. Tempranillo puro, bajo rendimiento, y el tiempo suficiente para que las cepas hayan aprendido exactamente qué tienen debajo. Es el primer vino de Villota clasificado oficialmente como Viñedo Singular, y su nombre es un homenaje a Doña Genara Villota, matriarca de la familia. Las puntuaciones en la Guía Wine Up! lo confirman añada tras añada: la 2018 alcanzó 95,31 puntos; la 2021, 93,46; la 2023, 93,38.
Las Anchas llega después, desde parcelas distintas de la finca: Las Anchas, Lentisco y Central con una edad media de viñedo de 77 años y un ensamblaje de 95% tempranillo y 5% graciano que ya dice mucho sobre la filosofía de la bodega. 22 meses en barrica nueva de roble francés y más de un año de maduración en botella. El resultado es un vino profundamente aromático, de mineralidad clara y una tensión en boca que las parcelas junto al meandro del Ebro generan de forma natural. La añada 2021 obtuvo 94,46 puntos en la Guía Wine Up!.

VILLOTA TAMBIÉN ES BLANCO.
Hay una tendencia en Rioja a reducir el relato a los tintos. Con Villota eso sería un error, y uno bastante costoso en términos de lo que uno se pierde.
La finca tiene viura plantada en 1975, además de garnacha blanca, tempranillo blanco y malvasía riojana. Cuatro variedades que en 2014 dieron lugar al primer blanco de la bodega: un monovarietal de viura de vieja cepa y producción muy escasa, el Villota Blanco Selección, con el que Jesús Madrazo empezaron a explorar lo que el viñedo podía dar en blanco. Con el tiempo, las variedades fueron tomando protagonismo por separado y en combinación, hasta configurar una gama de tres vinos blancos con perfiles distintos: Selvanevada Blanco, Villota Blanco y Villota Blanco Selección.
Villota Blanco Selección, un viura 100% con seis meses sobre lías con battonage en roble francés, es el más preciso y vertical de los tres: fino, mineral, con una acidez que sostiene todo el conjunto y una persistencia que sorprende. La añada 2018 alcanzó 94,23 puntos en la Guía Wine Up!. Villota Blanco, que tiene como base la Viura con garnacha blanca y proporciones menores de malvasía y tempranillo blanco, es más redondo y expresivo: frescura, estructura y carácter frutal bien integrado, sin que la madera tape nada. La añada 2022, 94,08 puntos.
Son vinos para quien quiere entender Rioja Alavesa más allá del tempranillo en crianza. Y Villota los tiene desde hace más de una década.

UN PROYECTO DE ESCALA HUMANA EN UNA DENOMINACIÓN DE ESCALA GRANDE
Rioja es enorme. Hay bodegas de todos los tamaños y proyectos de todo tipo. Villota produce poco, selecciona mucho de las 52 has que actualmente está elaborando de las casi cien hectáreas de viñedo propio. Eso implica decisiones que en estructuras más grandes no son posibles.
Las visitas se articulan en torno al viñedo y la historia familiar. No hay sala de catas de diseño. Hay una finca con casi cien años de historia, un meandro del Ebro que a pocos metros rodea todo el viñedo, y alguien que te explica cada parcela sabiendo exactamente por qué es diferente a la de al lado. Y después, sin moverte de la finca, catas los vinos con quien mejor conoce el proyecto. Para mostrarlo, me voy unos años atrás cuando tuve el privilegio de visitar el viñedo. En ente enlace podrás recuperar esa experiencia en primera persona:
Joaquín Parra, Wine Up! ©2026
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