MAJANOS, MUCHO MÁS QUE PIEDRA AMONTONADA. BIODIVERSIDAD E IDENTIDAD PARA EL VINO

Piedra a piedra: los majanos como monumentos naturales del viñedo manchego

Biodiversidad, paisaje calizo y patrimonio vitícola en Tomelloso

Por Joaquín Parra, Tomelloso, 24 de noviembre de 2025

Quien recorre por primera vez la llanura de Tomelloso descubre un territorio donde la geología se expresa con la misma fuerza que la viña. En una zona donde la roca madre aflora a pocos centímetros del suelo, los majanos, acumulaciones ordenadas de piedra extraída del campo, forman parte inseparable del paisaje agrícola y de la identidad vitícola de la región. Si además estamos en Tomelloso, a los majanos se le acompañan los típicos «bombos»,

Estas estructuras, levantadas con costras calcáreas superficiales que emergen durante las labores del suelo, principalmente con el viñedo ya que obligaba a profundizar más con el arado. No son solo un testimonio de la dureza del terreno, son también un reflejo de la relación entre viticultor y naturaleza, un diálogo que se ha mantenido intacto durante generaciones, de aquellos tiempos en los que no se hablaba de «economía circular» porque todo se aprovechaba, llegaron a construir los «bombos» y con la piedra sobrante, se fueron levantando majanos.

Suelos calizos de Tomelloso: origen del terroir e identidad del majano

El viñedo de Tomelloso se asienta sobre suelos miopliocenos ricos en carbonato cálcico. Estas formaciones del Mioceno superior generan un perfil pedregoso, muy drenante y de elevada caliza activa, condiciones que moldean la personalidad de los vinos locales.

Autores como Jancis Robinson han descrito los suelos calizos como impulsores de vinos “más tensos, verticales y longevos”, características que definen buena parte de las elaboraciones de esta zona. Pero estos mismos suelos, exigentes y de roca madre somera, obligan a un trabajo paciente: retirar piedra y permitir que las raíces profundicen.

Cada fragmento extraído alimenta un majano, que crece poco a poco como un archivo visible del esfuerzo agronómico del viticultor.

Majanos y biodiversidad: microhábitats esenciales en La Mancha

Los majanos cumplen una función ecológica que hoy adquiere un valor extraordinario. Entre sus huecos se refugian reptiles, erizos, pequeños mamíferos y una infinidad de insectos que contribuyen al equilibrio natural del viñedo, eso que ahora se llama «biodiversidad». En la planicie manchega, donde el sol y la ausencia de agua dominan gran parte del año, estos montículos se convierten en microhábitats que retienen vida.

Además, funcionan como corredores biológicos entre parcelas, favoreciendo la presencia de fauna útil para el control de plagas y la regeneración del suelo. Una prueba más de que el paisaje no es un decorado, sino un sistema vivo en el que cada elemento —incluidas las piedras— tiene un papel.

Como señaló Roger Dion, el paisaje vitícola es siempre una colaboración entre naturaleza y cultura. Los majanos representan esa alianza de un modo especialmente visible.

Majanos como hitos culturales: entre tradición agrícola y memoria ancestral

Más allá de su utilidad agronómica, los majanos forman parte del patrimonio cultural en el viñedo además permite a simple vista analizar la coposición del suelo.

En un entorno donde las referencias visuales pueden diluirse, estas estructuras han sido durante siglos hitos que marcaban lindes, caminos y puntos de referencia para la comunidad rural.

Su presencia, además, ha despertado en ocasiones preguntas arqueológicas. En La Mancha abundan los ejemplos de túmulos prehistóricos confundidos con montones agrícolas y viceversa. Aunque la mayoría de los majanos actuales proceden estrictamente de labores vitícolas, su escala y su disposición evocan prácticas milenarias de acumulación de piedra, herencia de culturas íberas, romanas y visigodas.

Lo importante no es solo lo que son, sino lo que representan: continuidad, memoria y adaptación al territorio.

Viticultura en suelos calizos: trabajar la tierra desde el respeto

Los majanos son un recordatorio físico de la viticultura que caracteriza a tantas familias. La retirada de piedra no es solo una tarea técnica: es una forma de preparar el suelo para que la vid pueda expresar su máximo potencial y sobre todo, permita su laboreo.

En una época en la que la mecanización tiende a homogeneizar el paisaje, estos montículos calizos muestran que la identidad rural de la región sigue vinculada a prácticas tradicionales que equilibran productividad y sostenibilidad.

Como escribió Julio Llamazares: «el paisaje contiene las huellas del pasado y reconstruye recuerdos». En Tomelloso, esa memoria aparece una y otra vez en forma de majano, y bombos levantados con paciencia y respeto.

Bombos y majanos como patrimonio rural: identidad, paisaje y futuro en Tomelloso

Hoy, compartir la imagen de un majano en redes sociales no es un gesto estético: es una forma de reivindicar la belleza y el valor patrimonial del paisaje manchego. Es explicar que en Tomelloso no solo se cultiva la vid: se construye paisaje, se preserva biodiversidad y se mantiene viva una tradición que forma parte del ADN vitivinícola del territorio.

Los majanos enseñan que el vino comienza antes de la poda y de la vendimia, antes incluso de la plantación. Nace en cada piedra apartada para que la vid eche raíces en un suelo duro y noble a partes iguales.

Son, en definitiva, una expresión más del terroir de Tomelloso, una pieza fundamental de su identidad rural y un recordatorio de que la piedra —como el vino— guarda memoria.

 

 

Joaquín Parra, Wine Up! ©2025

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